Quien paga su plataforma de streaming para no ver anuncios sabe que lo gratuito tiene un precio. Se paga con tu atención, con tus datos o con tu tiempo, y lo que ves lo decide alguien más. En una consulta legal ocurre algo parecido, con una diferencia: lo que está en juego es tu patrimonio.
Cobrar la consulta no es cuestión de precio. Es lo que permite que quien te asesora pueda decirte «no demandes», «no pagues» o «espera» sin perder nada al decirlo. Si un despacho solo cobra cuando litiga, una consulta gratuita funciona como anticipo de ese juicio, y el consejo deja de ser del todo libre.
Quien nos contacta suele preguntar, antes de contarnos su problema, si la consulta tiene costo. Cuando decimos que sí, algunos se extrañan. Esta es la explicación completa.
Qué se paga en una consulta
Una consulta es un trabajo artesanal. No se hace en serie ni se improvisa: cada asunto tiene sus documentos, sus fechas y sus personas, y hay que estudiarlo antes de opinar. Se paga criterio, y el criterio lleva tiempo. Antes de hablar contigo, alguien lee tus documentos, ordena los hechos, identifica qué ley aplica, revisa en qué punto están los plazos y piensa cómo suelen resolverse en los juzgados los asuntos parecidos. Contigo, lo explica de manera que se entienda, responde tus preguntas y te dice qué opciones tienes, cuánto cuesta cada una, cuánto puede tardar y qué riesgos trae, el de perder incluido.
Ese estudio previo es también lo que hace posible una propuesta de honorarios seria. Nadie puede decirte cuánto cuesta llevar un asunto que no ha estudiado, al menos en lo básico. Sin esa revisión, la cifra es un número al aire.
Una consulta bien hecha no termina en «contrátame». Termina en una decisión. A veces es demandar. Otras, negociar, esperar, reunir la prueba que falta o dejar pasar un asunto que no vale lo que costaría pelearlo.
El médico que solo cobra por operar
Piensa en dos médicos. El primero cobra la consulta, te revisa y, si no necesitas cirugía, te lo dice y se queda con los honorarios de la consulta. El segundo no cobra la consulta, pero solo gana si opera. Ambos pueden ser buenos médicos. Solo uno puede decirte «no se opere» sin que le cueste.
Tú no puedes comprobar cuál de los dos tiene razón; si pudieras, no habrías ido a verlos. La literatura económica estudia esta situación con el nombre de credence goods: servicios en los que quien los presta es también quien decide cuánto necesitas, y quien los recibe no tiene forma de verificarlo.
La asesoría legal es uno de ellos. Si el abogado solo cobra cuando hay juicio, el consejo y el negocio empujan hacia el mismo lado. No es una acusación contra nadie: no hace falta proponerse nada indebido para que el incentivo haga su trabajo, y tú no tienes cómo distinguir una recomendación honesta de una conveniente.
No toda consulta sin costo es sospechosa. El Código de Ética de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, pide servicios gratuitos o a muy bajo costo para quienes están en condiciones de vulnerabilidad (artículo 2, numeral 2.5), y reprueba como práctica desleal ofrecer servicios gratuitos o con costo simbólico a cambio de obtener la contratación de otros servicios (artículo 33, numeral 33.1). Todo depende de para qué se ofrece lo gratuito. Cuando una consulta no tiene precio, pregúntate de dónde saldrá el pago.
Lo que cuesta un juicio que no necesitabas
Un juicio consume dinero, tiempo y paciencia. Puede durar años, generar gastos y honorarios y, en ciertos casos, obligar a pagar las costas de la contraparte (lo explicamos en quién paga las costas en un juicio contra tu aseguradora).
El error contrario también existe: esperar lo que no admitía espera. Los plazos para reclamar corren, y algunos son más cortos de lo que la gente imagina. Para el caso de seguros, lo desarrollamos en cuánto tiempo tienes para demandar a tu aseguradora. Una mala consulta puede equivocarse en cualquiera de las dos direcciones.
Cobrar por opinar es legal, es moral y también es correcto
El Código Civil para el Distrito Federal, que rige en la Ciudad de México, trata el asesoramiento como un servicio profesional y deja que quien lo presta y quien lo recibe fijen de común acuerdo la retribución (artículo 2606). Los honorarios pueden exigirse «cualquiera que sea el éxito del negocio o trabajo que se les encomiende», salvo convenio en contrario (artículo 2613), y quien presta el servicio responde por negligencia, impericia o dolo (artículo 2615). Lo que la ley exige no es que el consejo sea gratis, sino que quien aconseja responda por él.
Pero que sea legal no es lo más importante. Es correcto, y por una razón sencilla: una opinión jurídica es trabajo, y quien la da responde por ella. Pedir que ese trabajo sea gratuito equivale a pedir que lo pague alguien más, y lo gratis, como ya vimos, se paga de otra forma. Cobrar es decir con claridad quién paga y qué recibes a cambio.
Seis preguntas para medir cualquier consulta
No hace falta ser abogado para saber si te asesoraron con honestidad. Al salir de una consulta, gratuita o de pago, pregúntate:
- ¿Me explicó al menos una opción distinta a demandar?
- ¿Me habló del costo total, de los tiempos y de lo que pasa si pierdo?
- ¿Me dijo qué le falta revisar antes de opinar con certeza?
- ¿Me dejó claro, por escrito, cómo y cuánto cobraría por el siguiente paso?
- ¿Me pidió decidir ese mismo día?
- ¿Me prometió un resultado? Si lo hizo, desconfía: nadie puede garantizar lo que decidirá un juez.
Si respondes que no a varias de las cuatro primeras, o que sí a cualquiera de las dos últimas, la consulta no te sirvió, la hayas pagado o no.
Cómo lo hacemos en L&L
En L&L la consulta se cobra. Es una sesión de análisis de tu caso con un abogado especialista, con tus documentos a la vista. Quien invierte en una consulta así se lleva más de lo que paga: claridad sobre su situación, un plan y la información para decidir.
Lo que más encontramos en los asuntos que llegan al despacho no es un caso perdido, sino un caso mal planteado desde el principio. Pasa, por ejemplo, en la liquidación de una copropiedad: la persona arranca con expectativas que no son realistas, le anticipan un resultado y, al concluir el asunto, el resultado es otro. La inconformidad que viene después no nace solo del resultado. Nace de que nadie le explicó con claridad, desde el inicio, qué podía esperar y por qué.
Por eso lo primero que buscamos en una consulta es que te lleves la información clara y completa, una visión de todos los ángulos de tu asunto. Eso incluye el costo y el efecto directo en el juicio, y también lo que lo rodea: las relaciones personales o de negocio que están en juego, los impuestos, los gastos, el tiempo y si lo que se disputa justifica lo que costaría obtenerlo. Con eso puedes decidir con los ojos abiertos.
Si al revisarlo lo que conviene es no litigar, te lo decimos, aunque eso signifique que no nos contrates y que el despacho deje de recibir ese ingreso. El Código de Ética de la Barra Mexicana exige a todo abogado expresar su opinión sobre las posibilidades de alcanzar las pretensiones del cliente y el resultado previsible del asunto (artículo 10, numeral 10.10). Cobrar la consulta es lo que nos permite cumplirlo sin que el consejo dependa de un juicio.
Preguntas frecuentes
¿Es legal que un abogado cobre la consulta?
Sí. El Código Civil para el Distrito Federal permite que quien presta un servicio profesional y quien lo recibe fijen de común acuerdo la retribución (artículo 2606). La consulta es un servicio profesional como cualquier otro. Y es correcto que se cobre: incluye el estudio previo del asunto, la explicación al cliente y, cuando procede, una propuesta de honorarios, y todo ese trabajo se hace antes de que decidas si contratas.
¿Una consulta gratis siempre es mala idea?
No. A quien está en una situación vulnerable, el Código de Ética de la Barra Mexicana le pide al abogado ofrecer servicios gratuitos o a muy bajo costo (artículo 2, numeral 2.5). En los demás casos, no la tomes como un diagnóstico definitivo y pásala por las seis preguntas de arriba antes de decidir nada.
¿Qué debo llevar a la consulta?
Todo lo que tengas por escrito sobre el asunto: contratos, pólizas, cartas o notificaciones, correos y mensajes, y una cronología breve con fechas. Entre más completo llegues, más útil es la opinión que recibes.
¿De qué depende lo que cobra un abogado por una consulta?
Del asunto y del trabajo que exige. El Código de Ética de la Barra Mexicana pide tomar en cuenta, entre otros factores, la importancia de los servicios, la novedad o dificultad de las cuestiones jurídicas, la experiencia y especialización del abogado y el tiempo a emplear (artículo 27). Antes de contratar, pide siempre que te expliquen por escrito las bases del cobro.
¿Y si después de la consulta decido no contratar?
Te llevas una opinión profesional y la decisión sigue siendo tuya. De eso se trata.
Si no sabes si conviene litigar
Si tienes un asunto en el que no sabes si conviene litigar, negociar o esperar, agenda una consulta. Revisamos tus documentos, te explicamos las vías, los costos y los riesgos, y te decimos qué conviene. Somos L&L Servicios Jurídicos e Inmobiliarios, un despacho en Coyoacán con veintiséis años de ejercicio en litigio civil y mercantil y litigio contra instituciones de seguros.
Este contenido es informativo y no sustituye la asesoría legal sobre un caso concreto. Cada asunto depende de sus hechos, de sus pruebas y de la legislación vigente a la fecha.

